viernes, 6 de mayo de 2016

ANA GÓMEZ

Pasé mis primeros años con mi madre en la cárcel.
Lo recuerdo —muy vagamente— como un tiempo feliz, yo no tengo conciencia de haber sufrido mientras estuve con ella y lo que sí tengo presente es cuando me mandaron a casa, lejos de mi madre, de los berrinches nocturnos y de las noches en blanco que pasaba mi hermana intentando consolarme, porque yo no hacía otra cosa que llamar desesperadamente a mi mamá. Ángela me contó que tuvieron que dejar de llevarme a las comunicaciones en Yeserías, porque montaba tales cirios a la salida de la prisión que todos, funcionarias, guardias y familiares de presas, salían con el corazón encogido y los ojos húmedos de oírme berrear.
Supongo que tal vez por ese motivo ensanché los pulmones y ahora me dedico a cantar, en tugurios de mala muerte, los fines de semana.