lunes, 30 de mayo de 2016

A TRAVÉS DEL UNIVERSO (J.M.Ferradas)





Hace más de dos años tuve el privilegio, con Julia Díaz-Agero, de presentar en este mismo sitio la primera novela de Ana Vázquez.
Aquella primera novela Yo nací en Yeserías, era –podríamos decir en el directo dialecto de Ana– como un primer polvo. Espontáneo, salvaje, vibrante, inexperto, dubitativo y nervioso. Muy nervioso. Pero impactante. Como cabe esperar de esa primera vez (recordáis) nos dejó la sensación de que había algo más grande y más jugoso tras aquellas primeras maniobras literarias.

Hoy presentamos su segundo libro. Y algo trae del anterior. Algún nombre. Alguna prehistoria. Algún duende. Pero ahora, Ana si hace el amor. Sabe dónde le gusta y cómo. Conoce bien las distancias y los tiempos. Hace el amor con las letras y las abraza en nudos que nos hacen sudar entre las risas y las lágrimas. Entre las dudas y los miedos. Y nos saca esa mirada cómplice que cruzamos con quien nos hace vivir esos momentos. Da pausas necesarias entre los fervores del desasosiego y la pasión. Y pinta cada segundo con la tensión del siguiente. Sabiendo que llegará pero cuando sea su momento. Y lo buscamos.

Vayamos al principio… y como la casualidad no existe… apareció de casualidad su título. A través del universo (Jai guru deva, om). “Across the universe”. Qué casualidad… para una beatlemaníaca como Ana nada tan próximo como los primeros renglones de esta canción inmensa, que dicen así: “Las palabras fluyen como lluvia infinita en un vaso de papel”. Y es con ellas con las que nos transporta en una sucesión de feedbacks a la realidad cotidiana de unos personajes tan veraces que no llamarían nuestra atención si no conocemos sus adentros. Cuán creíble es la vida que duerme escondida tras la aparente normalidad de su fachada. Tal vez la de tu vecino. Tal vez la tuya.



A través del universo es una historia de amor. Una preciosa historia del amor más puro y limpio. El más brutal. El único eterno. El de la amistad.
Ese que nos haría dormir entre las sábanas del infierno antes que perder su calor por los filos de las dudas. Es el amor que se regalan dos mujeres, Elena y Jimena, dos amigas que aman a los hombres y les sufren. Y les gozan. Y les arrebatan el espacio para entregarse, a muerte, mientras aprenden a ser ellas mismas. Comparten sus amigos, sus vivencias, sus temores y sus recuerdos. Todo aquello que hace que solo retires la mirada cuando mientes.

Pero entre las líneas de este libro surge una pequeña sonata medio dormida que se convierte en mantra. Un mínimo rugido que se nos pega al corazón como una losa. Es la voz de la soledad. Porque cada letra lleva en su tinta el olor de la soledad. Es una novela sobre el amor en soledad. Sobre la vida en soledad. Soledad compartida. A veces pretendida. A veces tan dolorosa… Miraros dentro, donde duele, y veréis brotar ese sonido en tantos momentos… Pues Ana nos hace partícipes de cómo se puede ser feliz con la soledad por aliada.

Trasiega los vinos más ásperos que cosechaban las familias en un entorno singular. Los odios y las vergüenzas de quienes viven de aparentar. Aquellos que consienten el escarnio ajeno mientras no se les haga participes de su miseria. Nos demuestra que la huida no es el camino entre las manos firmes de estas dos mujeres tan dispares. Tan diferentes en lo físico como en sus actitudes. Tan lejanas y tan próximas que solo una línea mínima separa sus estadios y que ellas saben saltar con la soltura de un acróbata. La fuerza que solo una mirada puede ejercer en quien la recibe.

El gran acierto de que ambas mujeres sean narradoras en paralelo, su visión en dos mitades, hace de la repetición un lujo en sus detalles. Un mismo suceso desde dos perspectivas que convergen en las sombras pero, como en un perfecto estéreo, se completa la sinfonía.
Acostumbramos a creer lo que vemos pero, con frecuencia, fallamos. Elena y Jimena nos cuentan una sola historia pero con distinto punto de observación, lo que nos muestra que la realidad nunca es tal para solo unos ojos.

Con total seguridad caeréis en la curiosa ilusión de sentiros más que presentes en alguno de sus personajes. Tal vez en varios de ellos. Pero no. No intentéis buscaros. Todos estamos en esta novela. Todos formamos parte de ella pero no somos ninguno. Somos su tiempo. Sus distancias. Somos parte de esa vida pero no somos ellos. Ana juega con el sortilegio primario que una novela debe practicar con dedos sutiles. Pare tan real porque todo es real en esta ficción.
Tan real como el garito de Jimena. El “Strawberry Fields”. Mi “Blackbird”. Esa gran plaza donde convergen personas y almas, no siempre por ese orden. Y podremos decir: “yo me bebí ese bar imaginario con toda esa gente inventada, yo fui testigo de aquel momento inexistente, y de otros que si lo fueron. Yo estuve allí.”.

En algunos momentos se deja deslizar por las laderas de Yesterday, flor de la melancolía, y hace un pequeño guiño a la nostalgia. A lo que se nos queda atrás sin remedio. Aquellos momentos mágicos que anidan en nuestro maldito cerebro. Esa parte del cerebro que nace con nosotros para cobijar el dolor de la pérdida. Y llora aquella infancia que se durmió en una fiesta desgraciada. Se retuerce por la sinrazón de la maternidad no deseada. Y se desangra, conociendo cómo una mujer puede amar a un hombre pero no quererle.

En otros juega a misterio y nos levanta una herida, una pequeña ironía que pasa como un anónimo haciendo del lector un cómplice en la investigación de un suceso. Intermitente Guadiana que aparece tras la esquina menos esperada y nos pone en guardia de nuevo. Luego se duerme. Creemos olvidarla y ¡zas! Reaparece ante nosotros con una pincelada de recuerdo. Pensamos que la tenemos, cuando… de nuevo se desvanece. Y no es hasta su momento. Su segundo, cuando acertamos a desvelar el misterio. O no…

Si echar de menos es delito yo me declaro culpable, parecen decir algunos de sus personajes mientras recorren todo el espacio que dista entre un Valladolid casi preincaico en la historia moderna española, con su marginalidad provinciana agarrada hasta el dolor del alma. Preñada de prejuicios vanos sobre algo tan real e imprevisible como las maledicencias y los sueños que las crean, y este Madrid libertario de los años movidos. De la movida que todos magnificamos con los años. De aquellos momentos que cambiaron la historia mientras las historias permanecían fieles a su sino. Nada era tan real como la imaginación que las forjaba.

Ana conoce bien a las mujeres. De hecho, ella es una mujer. Muy mujer. Pese a que, en algunos instantes, abre su boca de trueno y nos despista con los contubernios propios de sus lamentos. Algo que nos hace pensar que no existe el sexo en la verdad. Que la vida solo camina en un sentido. Y nos fusila a la cara las quejas infinitas sobre las situación inviables que algunas soportan mientras el mundo gira, cínicamente impasible. Bucea entre sus playas arañando hasta el límite cada una de las huellas que marcan sus sentimientos. Es una novela contada por mujeres. Desde un ángulo drásticamente femenino pero con la mirada abierta a los ángulos más sorprendentes de las reacciones de los hombres que en ella participan. Y los conoce. Y los intuye. Y los dibuja con tal brillantez que solo me consuela pensar que no yo jugaba esa partida.

Es, al cabo, la historia de una historia común. Con todo lo sorprendente que las historias comunes pueden ocultar tras las bambalinas de ese teatro inmenso que es vivir. Pero la presenta con tal sutileza que nos obliga a recoger las velas, rizarlas en torno a nuestra vivencia y recordar, siempre recordar, que nada es cómo queremos. Solo como acontece.

En un libro de lectura deliciosa y apasionada. Pero mantiene siempre una alarma encendida que nos previene de no olvidar cuánto daño hacemos con los silencios cómplices. Con las omisiones de manifestar lo que sentimos. Es una invitación a la vida y a beberte, sorbo a sorbo, cada pequeña porción de irrealidad que roce vuestra mirada, negro sobre blanco. Con una frase final tan creativamente radical que, a veces, sueño con escribirla en un espejo y vivir de su reflejo.

Y sabéis que os está esperando. No lleguéis tarde a esa cita.

Presentación “A través del Universo” por José Manuel Ferradas. Sala Reciclaje 27/05/2016