martes, 8 de marzo de 2016

Yo también nací en Yeserías


 Yo también nací en Yeserías.

Pero mi madre si era una asesina. O por lo menos cumplió condena por eso, por envenenar a mi padre, un sargento de la guardia civil que no dejó de maltratarla desde el día de su boda.
En realidad la que echaba cabezas de cerillas en las sopas de leche era mi abuela Críspula, a la que —dicen— yo me parezco muchísimo. Pero por jugadas del destino, por vete a saber qué, la que se chupó años de cárcel fue mi madre, que por aquel entonces estaba embarazada de mí.
Soy la pequeña de seis hermanos. Los dos mayores Ángela y Mariano se dedicaron en cuerpo y alma a cuidar al resto cuando mi madre estuvo en prisión.

Dicen que cuando nací berreaba con un chorro de voz (así que me dedico a cantar en tugurios de mala muerte los fines de semana que libro en el cuartito de costura de mi madre) y que era la más guapa de los hermanos. Que tampoco hay que correr mucho, porque son tirando a feos, qué coño tirando, son muy feos. 
Ángela es igual que mi madre, pequeñita y de cara redonda. De jovencita era graciosa, pero con los años está más arrugada que una uva pasa y es muy poca cosa, en lo físico. Porque luego es que resuelta que la tía es un portento. Es abogada y trabaja en su propio bufete, asociada con Alejandra García de la Fuente Gustafsson, la famosa abogada feminista. Bueno feministas son las dos, porque llevan algunos casos de mujeres maltratadas por amor al arte. Y en eso sí que tuvo que ver que mi abuela, que se metió en una asociación después de la entrevista en “El País Semanal” tras la puesta en libertad de mi madre.

Que eso es otra, menudo revuelo en el pueblo. Mi abuela se hizo famosa y hasta rodaron una película con su historia y la de mi madre y sus colegas del talego, que menuda pandillita… a mí, muchas veces me da vergüenza de mi familia y me hubiese gustado ser normal. Pero no lo soy. Estoy buena y soy pobre y eso, en un pueblo de mierda como el mío, solamente te trae problemas.